domingo, 4 de noviembre de 2012

Lágrimas en el cielo

Tal esta hora,
que escucho a Clapton y escribo,
silentes holocaustos cotidianos se encienden y apagan
a lo largo y ancho del planeta noche y día,
y más días por la mañana y por la noche.
Luego las masacres, las injusticias, los desastres,...
Fukushima, Siria, aquí, o Haití.

Crecerán o decrecerán las cifras.
con aquella lógica estricta,
que simplifica cada claúsula verduga.
Ya no por justicia de la perpetuación,
sino por la selección artificial que destilan
los adversarios de natura.
Se repartirán las caracolas,
cada grano de arena tendrá un dueño emocionado
en un paraíso artificial con solitaria perla inútil.

Entronados como dioses,
enseres deconectados juegan con tino
sobre el infierno de los desheredados.
Disociados de sí mismos, o de lo que sea que sean,
se disfrazan de locos,.., pero no les cosquillea
sino el delirio.
Hay uno escondido dentro,
puedes conjurarlo.
Y aun así,...

Háblame de la sabiduría oriental y sube a la torre de Pisa
para entender algo de esto.
Es posible que sólo se vea claro
desde algún inédito cielo.

Mientras, alguien, ahora,
se siente condescendiente,
y desde su propio techo haute couture,
se ríe de ti y de mi.


(Interpretar a ritmo de Rap).



Miranda Torres.