Especular es el mayor deleite para un espejo situado dentro de un espejo.
En pocas ocasiones los tres paisajes coinciden.
No necesitas el consejo. Le cedes la mitad de tu cerebro y esperas a que disfrute con ello. Déjale hacer, porque no podrás hacer nada. Hablarle quizá. Aun sabiéndolo absurdo es lo más coherente en pos de tu subjetiva coherencia.
Despiertas y esas serpientes están ahí, retorciéndose, mordiendo indiscriminadamente.
Luego cabría esperar ver lesiones puntiformes, o estrelladas ramificaciones, explosiones neurales, constelaciones de dendritas azoradas,..., destacar agujeros negros.
Cabría esperar ver distorsionada esa materia gris. Sería una cierta confirmación, incrementaría la esperanza y a la vez el recelo de que ello esta allí. Pero mudos como tu circularían los documentos.
En el escenario de la predación sólo he encontrado algo invicto a lo que aferrarme: a ello. Eterno, fraguado en la noche de los tiempos, y forjado de una aleación indescifrable, desciende como un vengador ángel caído por los estrechos peldaños de la frágil helicoide que aplasta plasma.
Sabe cómo otorgar la cualidad del vidrio en la mirada ya inhumana, transida por el dolor de haber visto demasiado. La mirada de Medusa.
Ven a asomarte a la trampa, puedes petrificarte bajo el deseo de tus ojos de hielo.
Será
justo que, en lugar de cualquiera de las múltiples combinaciones de las
letras de los alfabetos, se utilice el nombre de Perseo para nominar
aquello que secciona inexorablemente las ideas, esperanzas, la utopía,
los recuerdos,...
